Un modelo de Innovación para tener futuro

Vivimos un momento de incertidumbre: por un lado se habla de políticas crecimiento y por otro lado seguimos en crisis económica . En un país como el nuestro que pasa del drama a la euforia con tanta rapidez es preocupante que no esté abierto un debate desde hace tiempo sobre cuál debe ser el modelo de desarrollo. Esta decisión no puede ser únicamente de nuestros representantes políticos. Cuando lleguen las medidas de estímulo será muy fácil caer en la tentación de improvisar repitiendo el modelo anterior con medidas de chapa y pintura, pero sin cambiar el motor.

Se repite una y otra vez que nuestra economía no es competitiva y que la innovación es clave para poder crecer siendo competitivos. Entre las distintas asignaturas pendientes que tiene nuestro país, está la cultura de creatividad e innovación. España necesita una estrategia y un modelo de nación creativa e innovadora como sí tienen Alemania, Reino Unido o Canadá. Nunca he sabido muy bien por qué en nuestro país las políticas de innovación se centran en el desarrollo de la I+D+i dejando de lado la innovación no tecnológica e ignorando la creatividad.

La política de creatividad e innovación no puede depender, en un momento como el actual, de un sistema tan complejo, ineficiente y poco operativo. En apenas 12 años se han creado multitud de organismos promovidos por el gobierno central, comunidades autónoma, diputaciones, cabildos y ayuntamientos que en sus objetivos está el desarrollo de la innovación o de la creatividad. Algunos han desaparecido y los que quedan, diezmados por los recortes, cada uno hace la guerra por su cuenta. Sería deseable constituir una agencia de creatividad e innovación nacional donde la Presidencia del Gobierno articule las acciones de los distintos ministerios y del resto de organismos que existen, tanto públicos como privados, en estas materias. Ejemplos existen como la pionera National Endowment for Science, Technology and the Arts (Nesta) impulsada por el Gobierno de Reino Unido donde se integra la ciencia, tecnología y el arte con muy buenos resultados.

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El estímulo a la creatividad e innovación no está en nuestra sociedad. Por mi actividad profesional lo compruebo cada día. Tenemos que enseñar y dar confianza a nuestros jóvenes para pensar diferente y generar, desde la diferenciación, valor económico, social, cultural y medioambiental. Innovar es querer mejorar las cosas haciendo algo nuevo y no sólo quejándose o esperando que otros las hagan. Este cambio de mentalidad que pasa del miedo al riesgo al atreverse hacer cosas nuevas, no se consigue por decreto ley sino que es una labor que cada uno tiene que empezar en su familia, con sus amigos, en su trabajo. Se tiene que respirar en la sociedad como recomiendan los numerosos estudios sobre ciudades como ecosistemas creativos e innovadores.

Es una buena noticia que la ciudadanía se movilice para solicitar apoyo a la ciencia, que cada vez existan más iniciativas de microfinanciación colectiva, crowdfunding, donde ciudadanos con pequeñas aportaciones apoyan proyectos innovadores; que emprendedores creativos se junten en espacios de trabajo, coworking, para colaborar y cooperar. Un entorno innovador se genera mediante interacciones creativas entre ciudadanos, administraciones, organizaciones, empresas. Cuantas más interacciones horizontales más innovación se genera. Afortunadamente ya no se espera a que el estado se mueva, pero sí hay que reclamar que se mueva.

Todo planteamiento de innovación que no implique a los ciudadanos haciéndolos participes y protagonistas en la construcción de un modelo más competitivo tendrá un impacto muy débil en nuestra economía. En la década de la innovación abierta y la innovación dirigida por los usuarios no podemos tener un sistema cerrado, lejano y tan complicado de innovación.

Este trabajo de impulsar una sociedad innovadora debería ir desde la escuela hasta la empresa y en el espacio público. Tiene que estar articulado, coordinado y mantenido en el tiempo y evitando el vaivén político. Si realmente queremos crecer con un modelo más competitivo y sostenible basado en la capacidad creativa e innovadora de los ciudadanos, empresas, organizaciones y administraciones públicas nuestra sociedad ahora no está preparada para ello. Pero con un sistema coordinado, abierto, cercano y participativo es posible conseguirlo. ¡A Por ello!

Autor: Juan Pastor Bustamante, miembro de la Asociación Educación Abierta