Algunas palabras para el cambio cultural de la educación

El reto de la escuela hoy es de tal envergadura que sólo se puede comprender, y sólo se podrá gestionar, asumiendo que nos enfrentamos a un cambio cultural. Con frecuencia el enfrentamiento partidista oculta esta realidad y dirige el debate público hacía aspectos marginales ignorando los urgentes desafíos a los que nos enfrenta la transformación educativa que estamos presenciando. Las nuevas pedagogías emergen de manera imparable modificando tanto la organización de las aulas, como el funcionamiento de los sistemas educativos. La pregunta clave es el precio que pagarán aquellas sociedades que no sean capaces, o que lo sean de manera limitada, de adaptar sus sistemas educativos a las nuevas demandas de lo que bien podríamos llamar sociedad del aprendizaje.

Precisamente para debatir sobre cómo impulsar este cambio cultural, los miembros de la Asociación Educación Abierta nos reunimos el pasado 25 de noviembre con el director general de Evaluación y Cooperación Territorial del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, José Luis Blanco López. El debate que tuvo lugar ha propiciado este mini-diccionario con 23 palabras que consideramos unidas al futuro de la educación.

Abierta: Vivimos juntos, aprendemos juntos. Vivimos en la escuela, aprendemos en todas los actividades de nuestra vida. Convivimos con la razón, aprendemos desde la emoción. Mentes abiertas, recursos abiertos. Aprendemos mientras compartimos y creamos; creamos mientras aprendemos.

Acuerdo: Un sistema educativo eficaz se construye sobre un meta acuerdo social; con la educación no se juega. La educación debe permanecer al margen de la mercadotecnia electoral. Los efectos de la educación se miden en generaciones. Los marcos educativos deben gozar del consenso que nos permitan visualizar sus resultados a medio largo plazo, valorarlos al margen de los intereses partidistas, e ir adaptándolos de acuerdo a los cambios sociales, tecnológicos o económicos.

Alfabetización: Alfabetización múltiple y compleja, como lo es la sociedad que la soporta. Profesores, familias y alumnos deben buscar desde la escuela cómo eludir las nuevas formas de exclusión y cómo favorecer el pleno desarrollo de cada persona. Una sociedad compleja necesita formar a sus ciudadanos en los lenguajes en los que se escribe la incertidumbre; no hay espacio ni función para los analfabetos.

Competencia: La sociedad necesita personas competentes. La calidad educativa, lejos de ser un criterio absoluto, está vinculada a la potenciación de las capacidades diversas de cada sujeto. El objetivo es el desarrollo de los talentos personales y sociales de los alumnos de acuerdo con sus capacidades e intereses. La empleabilidad, la promoción social, la participación ciudadana, la búsqueda de la felicidad pasan por la adquisición de las competencias básicas en las etapas iniciales de la vida.

Confianza: Un sistema educativo tiene como techo la ambición de la sociedad en la que se encuentra inmerso. El frentismo partidista socaba las relaciones esenciales entre los profesionales de la educación, las familias, los gestores públicos, las empresas de servicios educativos, y en último término con los alumnos. Sin transparencia y rendición de cuentas no habrá mejora posible de la eficiencia, pero sin la confianza y la implicación de la sociedad en el sistema educativo su futuro es la irrelevancia.

Diálogo: El medio es el fin. Aprendemos en el dialogo. Educar es antes que nada dialogar. Traslademos a la política educativa la esencia de la educación. Hagamos una política educativa educada. Un pacto educativo es un acuerdo por el dialogo. Hacer evidente lo mucho que nos une; huir de la unanimidad. El espacio común entre demócratas en el ámbito educativo es infinitamente superior al de desacuerdo.

Dignidad: La educación es un problema moral, previo a cualquier política partidista, vinculado a la esencia de los sistemas democráticos. La defensa del derecho a aprender lo ha sido siempre, pero ahora todavía más en la sociedad  global y abierta en la que vivimos, es una cuestión de respeto a la dignidad de la persona, y como tal debe asumirse y defenderse. Sin educación para todos no hay democracia.

Entorno: Es cierto que aprendemos en comunidad, como lo es que las interacciones más determinantes para éxito educativo son las que se producen en el seno de la familia, o como consecuencia del entorno socio económico. Implicar a la familia en el proceso de aprendizaje es una condición esencial para un cambio educativo real. Son muchas las dificultades a las que se enfrenta esta propuesta, algunas seguramente insalvables, pero también es cierto que ignorándolas difícilmente se solucionarán.

Escuela: La escuela ha sido y sigue siendo una de las instituciones que más ha  promovido la justicia social en los últimos siglos. Hoy en día la desescolarización es un escenario posible dentro un proceso de privatización y desestructuración de  los servicios públicos. En los años 60 se condenó a la escuela por su carácter reproductor de la organización social existente; en el siglo XXI la escuela se manifiesta como un nodo vertebrador de una comunidad educativa, con una enorme capacidad de promover y replicar la innovación social.

Gestión: La transformación educativa ha venido sin preverlo y proponérnoslo, al margen de las leyes y enfrentamientos partidistas. La gestión de este proceso convierte a los centros educativos en las unidades básicas del cambio, y al aprendizaje colaborativo de los profesionales en su fuerza impulsora. Sin liderazgo y compromiso en la gestión del cambio difícilmente este podrá producirse.

Humanización: El entorno construye el aprendizaje. Creemos currículos abiertos, más orientados a un aprendizaje auténtico y significativo. Fijemos el máximo común divisor de un ciudadano competente y responsable, y demos medios y reconocimientos a los profesionales de la educación para que desarrollen su trabajo con cada alumno.  Construyamos un currículo sensato, riguroso y flexible, cuyo conocimiento permita vivir aprendiendo y desaprendiendo, y aprender para vivir. La diversidad es la principal riqueza de una organización, el sistema educativo debe promoverla y protegerla.

Infraestructuras: Tenemos que convertir las infraestructuras del barrio o del pueblo en un espacio de aprendizaje; escolarizar el territorio. Los centros educativos deben transformar sus espacios físicos de una manera acorde a las nuevas pedagogías; escolarizar la arquitectura. El acceso universal y de calidad a Internet, hoy, es consustancial al derecho a la educación; escolarizar la tecnología. A las instituciones formales de educación les corresponde el reto de coordinar un aprendizaje expandido y a lo largo de toda la vida.

Intimidad: Los datos son el petróleo del siglo XXI. El expediente académico no es sólo la calificación final, hoy en día el expediente lo conforman todos los datos registrados de un proceso de aprendizaje. El acceso a los datos del proceso de aprendizaje de una persona le deja en una situación de indefensión absoluta frente a posibles manipulaciones de su persona con objetivos económicos o políticos. Los datos agregados sobre como aprende una nación condicionan su soberanía como posiblemente no lo haga ninguna otra fuente de información. La protección de la intimidad de los menores y el severo control de sus datos de aprendizaje son una condición moral y política para cualquier proceso de cambio educativo.

Lenguas: Una sociedad global deja al margen a aquellos que no dominan la posibilidad de comprender e interactuar con otras culturas. En un país tan rico idiomáticamente como es España esta realidad es todavía más evidente. Cuantos más idiomas se dominen desde la escuela más se abre el abanico de oportunidades profesionales y personales. El dominio del inglés se ha convertido en una exigencia básica de cualquier sistema educativo.

Medición: Nuevas políticas educativas demandan nuevas maneras de medir su impacto en las personas y en la sociedad. Las metodologías importadas de la econometría no parece que satisfagan la complejidad de la educación. Más evaluaciones no significan ninguna garantía de un mejor aprendizaje. Conocer la progresión de cada persona en los procesos de aprendizaje es esencial. Igualmente, un sistema educativo tiene que tener información sobre su evolución y sus logros. La evaluación afecta a todos los actores del sistema, y a este en su conjunto, por lo tanto sus resultados deben ser accesibles a los interesados, y su realización sentida por estos como una herramienta de aprendizaje y mejora. Hay por delante un importante trabajo para identificar las nuevas  métricas en los sistemas educativos.

Mito: No caben soluciones simples a problemas complejos. Las políticas educativas, y mucho menos el simple incremento de la inversión pública por grande que sea, no pueden solucionar por si solas los problemas de una sociedad. Atribuir a la educación, y de manera especial a la escuela, este cometido, y acto seguido hacerle responsable de todos los males, es una simplificación tan frecuente como perversa. La manipulación de la educación termina produciendo  frustración en la sociedad y hastío en sus profesionales.  Sin transformación educativa no habrá cambio social, sin transformación de la sociedad no habrá cambio educativo.

Negocio: La educación es identificada por los fondos de inversión como el ámbito con mayores oportunidades para el desarrollo de negocios en las próximas décadas. Negocios que poco tienen que ver con las tradicionales disputas entre el sector público y el privado en educación. Las principales cuestiones que traen consigo este posicionamiento empresarial son ¿quién lidera el cambio educativo?, y ¿entorno a qué valores se está realizando? La tensión entre los intereses comerciales de las empresas educativas y los intereses los públicos inherentes a un sistema educativo democrático, serán un factor determinante para comprender la evolución de la educación en los próximos años. La irrupción de las empresas tecnológicas como actores clave y su capacidad para configurar la realidad coloca a las administraciones públicas ante un desafío nunca antes visto. El descrédito del profesorado y el solucionismo tecnológico encubren con frecuencia propuestas ideológicas emergentes.

Pregunta: En un mundo abierto y en permanente cambio, quien tiene desarrollada la capacidad de preguntar es quien construye la sociedad. En un entorno global e incierto, con una presencia creciente de las máquinas en todos los ámbitos de decisión y trabajo, educar para responder, para repetir lo que otros han sabido y vivido, es importante para conocer los valores y tradiciones. Sin embargo, educar para la creatividad, para dirigir el cambio, es  esencial si queremos defenderlos y promoverlos frente a otras culturas con ambiciones hegemónicas.

Proceso: La transformación de la educación es un proceso cuyas acciones deben ir definiéndose con la participación de los actores del sistema educativo. Un acuerdo educativo pasa por definir un procedimiento acorde a unos objetivos compartidos; un procedimiento para minimizar los desacuerdos. No hay un libro de instrucciones para el cambio cultural en la educación. Las decisiones difícilmente alcanzaran sus objetivos si sólo vienen legitimadas por el criterio de expertos, o en la copia de propuestas exitosas de otros países.

Reputación: Los profesionales de la educación lo son de la misma manera y con la misma complejidad en su tarea que lo puedan ser los de la salud, o los del derecho. La reputación es el elemento vertebral del sistema educativo y el valor referencial de los profesionales en este ámbito. Son tópicos aceptados que  debemos mejorar la formación inicial y continua de los profesionales de la educación, cambiar el sistema de cualificación y acceso y revisar el cuadro de profesiones docentes, así como asignar a sus asociaciones un papel más allá de la defensa de intereses corporativos. Ahora bien, todas estas propuestas son difícilmente sostenibles si la sociedad no reconoce a los profesionales de la educación el lugar preeminente que les corresponde acorde con su tarea.

Responsabilidad: Libertad para construir el proyecto propio de cada comunidad educativa. Libertad para participar en el proyecto que mejor encarne nuestra visión del mundo. Autonomía para los centros privados, pero también en los centros públicos. Hoy el sueño de la centralización está demostrado que engendra repetición y abandono escolar; ineficiencia, cuando no adoctrinamiento.

Sobrerregulación: Hay que dar estabilidad y coherencia técnica a la regulación educativa. La distancia entre el marco legislativo y las prácticas del aula, motivada por la falta de rigor y el exceso de disposiciones normativas, se ha convertido en una amenaza para la equidad, la calidad y la cohesión del sistema. Los profesores, los padres y los gestores están cansados de la utilización de la regulación educativa para fines distintos de los que le son propios. La falta de calidad técnica de la normativa básica coarta la capacidad de los profesionales y supone una grave amenaza para aquellos centros que han optado por la transformación educativa, así como para la cohesión territorial.

Transmedia: Vivimos en mundo tan analógico como digital. Nos comunicamos con la palabra escrita y el mensaje oral. Aprendemos con la imagen y el texto. Nos desplazamos de un medio a otro con una aparente espontaneidad y una supuesta capacidad. Suposición que amenaza en ahondar la brecha participativa digital, en especial en relación con los llamados nativos digitales. Salir de esta trampa exige reconsiderar los límites del aprendizaje formal.

Desde la Asociación Educación Abierta esperamos que estas palabras puedan servir de motivo para una reflexión más amplia sobre el reto al que se enfrentan los sistemas educativos en la actualidad, sobre el reto al que nos enfrentamos todos y cada uno de nosotros.

Autor: Alfonso González Hermoso de Mendoza (@algonhermen), presidente Asociación Educación Abierta