No hay calidad sin diversidad. La escuela inclusiva

Desde la atención a la diversidad podemos acuñar el concepto de escuela inclusiva. De esta manera es necesario poner en marcha un proyecto conjunto en el que, una vez detectadas las necesidades educativas existentes en el alumnado, se lleven a cabo todas las actuaciones (agrupamientos, apoyos, refuerzo, optatividad,…), que permitan desarrollar medidas de atención educativa eficaces para conseguir los objetivos que el centro tiene planteados. Proyecto que debe fundamentarse en que:

La educación es un derecho de todos y la escuela debe estar preparada para satisfacer las necesidades individuales de cada sujeto. Por todo esto resulta necesario que sepamos dar respuesta a todos y cada uno de los alumnos; nuestra labor no puede nunca estar supeditada a satisfacer a uno u otro colectivo, entiéndase a los considerados más educables, sólo a los educables, o a los no educables, porque se debe primar la premisa de que todos los sujetos tienen algo aprovechable.

La metodología del centro debe caracterizarse por su modelo de inclusión y nunca de segregación; cualquier razón o característica que nos haga diferentes no es motivo de exclusión, sino que al contrario debe servir para enriquecernos sobre todo en términos de aceptación de diferencias, ayuda a los demás y a todos los valores que repercutan en la formación integral de cada uno de los sujetos.

La diversidad más que segregar debe enriquecer a los sujetos sobre todo en sentimientos de respeto por las diferencias, aceptación de las mismas, colaboración y ayuda.

La atención a la diversidad requiere la puesta en marcha de un Plan único de actuación; todas las intervenciones de cada uno de los profesionales del centro deben ser consecuentes en una misma línea de actuación y con la tarea asumida por todos y cada uno de los miembros del centro, siendo confluyentes en los mismos objetivos y planes programados; cualquier intervención que se aparte de las programadas y que no sea consecuente con los fines planteados puede entorpecer claramente el buen término para el cual se diseñó el plan.

Al decir los diferentes profesionales nos referimos a TODOS los miembros de la comunidad educativa, desde al Director/a hasta el auxiliar de control, cada uno asumiendo sus funciones y las tareas propias de su cargo. Supongamos un plan de absentismo en el que el tutor no controla las faltas de asistencia, no las comunica a la Comisión o ésta no las pone en conocimiento de la mesa local de absentismo; un caso de una modificación de conducta en la que el auxiliar de control no pone en conocimiento de Jefatura de Estudios la huida del centro de un alumno con el que se está interviniendo,…

El Plan de Atención a la Diversidad no debe ser una actuación preparada para un grupo concreto de alumnos, para unos alumnos diferentes que necesitan una intervención concreta en base a ofrecerles una respuesta educativa ajustadas a sus necesidades; el Plan de Atención a la Diversidad debe ser un plan de centro en el que se reflejen todas las medidas de atención a la diversidad y las respuestas educativas a las necesidades de todo el alumnado con el fin de establecer una serie de actuaciones que repercutan en el buen funcionamiento del centro, centrado preferentemente en la consecución de los objetivos planteados.

Es necesario establecer un modelo unitario (consensuado) en el desarrollo de las medidas de atención a la diversidad.

Las actividades que se puedan plantear con objeto de una intervención concreta deben ser asumidas como un proceso de actuación en el que se involucren todos los profesionales (el Tutor, el Equipo Docente, el Profesor Especialista, Profesorado de apoyo), pero siempre con una responsabilidad compartida; ésta es la mejor forma de poner en primera línea la necesidad de crear un clima idóneo para el desarrollo del principio de igualdad de oportunidades.

Teniendo en cuenta las relaciones existentes entre la atención a la diversidad y la inclusión de todo el posible alumnado a pesar de sus diferencias, podemos deducir que las bases pueden ser:

Igualdad de oportunidades para todos, de manera igualitaria, sin distinciones de edad, sexo, religión, raza,…sobre todo en su desenvolvimiento personal, social, profesional, de participación activa, de expresión,..

Incrementar el sentimiento de competencia curricular y de pertenencia a una comunidad educativa, en la que se sienta plenamente aceptado, respetado, tenido en cuenta, no segregado; esto le crea un sentimiento de aceptación y responsabilidad ente las diferentes situaciones.

Es necesario desarrollar actitudes cívicas responsables y crear pensamientos sociales y sentimientos de comunidad.

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La escuela debe esforzarse por ser una comunidad con un único proyecto común, que persiga conjuntamente unos fines y objetivos claros y, si es posible, que facilite la participación del máximo número de miembros de la comunidad educativa (profesores, alumnos, padres/madres, servicios externos Salud Mental, responsables locales (para el plan de absentismo)…).

Desde la A/D y la escuela inclusiva debe perseguirse el favorecimiento de la inclusión en perjuicio de la exclusión, ampliando la primera a niveles máximos y reduciendo la segunda a los mínimos; es necesario, por tanto, intervenir mediante actuaciones que permitan llevarlo a buen término. Un buen ejemplo son las jornadas de convivencia que por diferentes motivos se realizan en determinados centros.

Una verdadera escuela inclusiva beneficia a todos los miembros de la misma, enriqueciéndolos en cuanto a las diferencias y diversidad y creando verdaderos sentimientos de aceptación, de verdadera comunidad, de respeto a esas diferencias, de favorecimiento de las relaciones interpersonales e incluso de valoración positiva de la diversidad. Un enriquecimiento mutuo.

Con idea de llevar a buen término el PAD elaborado por el centro es necesario no olvidar una serie de prerrequisitos previos, que indiscutiblemente van a favorecer tanto el funcionamiento del mismo como que los resultados obtenidos estén en correlación con nuestras expectativas; para ello es necesario que a la hora de elaborar el mismo tengamos en cuenta:

Que todos los alumnos son educables y en su caso recuperables siempre y cuando se les ofrezca una respuesta adaptada a sus necesidades; es necesario plantearse el ajuste al NCC del sujeto y a su ZDR para llegar con la ayuda necesaria a la ZDP de la que partirán los aprendizajes significativos; es necesario potenciar en el sujeto la pedagogía del éxito y nunca del fracaso; una frase que podemos utilizar con los alumnos es: TÚ PUEDES.

A ser posible debemos evitar el etiquetado de alumnos. No es conveniente que el alumno lleve una etiqueta y mucho menos que sea con carácter permanente. En muchos casos las situaciones de los alumnos son reversibles si se actúa en su proceso de enseñanza-aprendizaje de manera adecuada y ajustándonos a su realidad.
Que todo aprendizaje es consecuencia de la interacción del sujeto y del contexto social interviniendo en ello: alumno-alumno, alumno-profesor, alumno-contexto, dedicación-esfuerzo. No podemos olvidar que el clima afectivo, de respeto y de convivencia que se crea en el aula en cuanto a las relaciones interpersonales favorece significativamente la disposición del alumno en cuanto a los aprendizajes. Si muy necesario puede considerarse la parte académica en cuanto a la formación del sujeto, no pueden olvidarse como muy importante también los aspectos personales, relacionales y afectivos.

El PAD que se elabore en un centro debe tener en cuenta todos los posibles colectivos que deben atenderse desde el mismo. Para cada uno de los deberemos utilizar distintas medidas de atención aunque en determinados momentos algunas pueden ser coincidentes; podremos incluso tener en cuenta que determinadas actuaciones pueden beneficiar a los alumnos pertenecientes a diferentes grupos.

Autor: Bartolomé Quiroga

Créditos Fotos:

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