El Derecho a aprender. 10 propuestas para transformar el sistema educativo.

Las transformaciones profundas que han padecido o que están padeciendo las sociedades contemporáneas exigen transformaciones paralelas en la educación nacional. Ahora bien, aunque sentimos la necesidad de cambios, no sabemos exactamente cuáles han de ser éstos

Émile Durkheim (Pedagogía y Sociología. 1902).

Por si sola la escolarización no atiende las exigencias que una sociedad democrática demanda de la educación. Es más, la denominada sobre escolarización puede servir para ocultar desigualdades en la educación que creíamos olvidadas. Desigualdades que se medirán en términos de exclusión social para todos aquellos que no puedan desarrollar su talento. Culpabilizar a la educación de la emergencia de estos fenómenos sería una muestra de cinismo, pero ignorar la incapacidad de los sistemas educativos de atender a los retos que demanda la sociedad actual sería una irresponsabilidad. La razón de ser de los sistemas educativo no puede ser otra que conseguir que ningún ser humano pueda ser considerado “superfluo”.

La democracia hoy en día sólo puede construirse sobre el derecho de cada persona a aprender, derecho que sólo puede alcanzarse involucrando en su consecución a toda la sociedad. En una situación en la que el cambio es constante e imprevisible, la única respuesta sostenible, desde el punto de vista económico, personal y social, es apostar por una sociedad centrada en el aprendizaje. La construcción de la sociedad del aprendizaje pasa necesariamente por la profunda transformación de los sistemas educativos.

En el 2005 UNESCO publicó el Informe “Hacia las sociedades del conocimiento”, en el que se podía leer; “La expresión “sociedad del aprendizaje” (learning society) se refiere a un nuevo tipo de sociedad en la que la adquisición de los conocimientos no está confinada en las instituciones educativas (en el espacio) ni se limita a una formación inicial (en el tiempo).” Este informe daba continuidad a lo que ya en 1972 el Informe Faure “Aprender a ser. La educación del futuro” preconizaba, “la educación ha dejado de ser el privilegio de una elite y de estar vinculada a una determinada edad; tiende a ser coextensiva a la vez con la totalidad de la comunidad y con la duración de la existencia del individuo”.

La necesaria transformación de los sistemas educativos que demanda la sociedad del aprendizaje es compleja y arriesgada. La OCDE consciente de estos desafíos alerta sobre dificultas del cambio. En el documento “Knowledge Management in the Learning Society” se puede leer, “That knowledge economies are by definition learning societies and so entail a revolution in education systems is as yet only dimly understood by most teachers and administrators who now run the formal education services”. El informe de CERI-OCDE “21st Century Learning: Research, Innovation and Policy” nos pone sobre aviso de que “Many studies have argued for more flexible, open forms of learning and of school organization but while it is not difficult to identify numerous promising examples, it is not so easy to find evidence of more sustained and widespread change.” Como señala OCDE los gobiernos tendrán ante si el dilema de seguir haciendo política educativa desde los antiguos estereotipos partidistas, o escuchar y confiar en los profesionales de la educación e impulsar una profunda transformación del sistema educativo.

La Organización de Naciones Unidas es consciente de hasta qué punto el problema del cambio en la educación es un tema esencial y global. Así, coloca al Derecho a aprender como una pieza fundamental de los Objetivos del Mileno 2015 y de la Agenda para el desarrollo después del 2015. La escolarización, y no podemos olvidar que todavía quedan en el mundo la barbaridad de 53 millones de niños sin escolarizar, no es suficiente. Como señala el Informe de Seguimiento de la EPT en el Mundo, titulado “Enseñanza y aprendizaje: Lograr la calidad para todos” “Los niños no solo tienen derecho a estar escolarizados, sino también a aprender mientras asisten a la escuela y a contar con las competencias que necesitan para encontrar un trabajo bien pagado y seguro cuando terminan sus estudios”. El derecho a aprender es el principal instrumento de que dispone una humanidad que tiene que dar respuesta a desafíos globales de desigualdad, inestabilidad y sostenibilidad, como nunca antes había sucedido, para defender la dignidad humana y evitar su colapso.

Ahora bien, siendo la transformación de los sistemas educativos un fenómeno global, sólo es posible su concreción desde lo local. No hay un libro de texto al que referirse, cada comunidad tendrá que construir su propio puente de acuerdo con su entorno y a sus ambiciones. En las últimas décadas hemos tenido ocasión de comprobar, en ámbitos como la economía o la tecnología, cómo el globalismo conduce a la irrelevancia a aquellos que no lideran el proceso de innovación.

En esta reivindicación del cambio desde el entorno inmediato, de abajo arriba, aparece como elemento clave el centro educativo. Micheal Fullan en 1995 en su libro “La escuela que queremos. Objetivos por los que vale la pena luchar” ya recogía la idea, luego desarrollada en múltiples estudios para corporaciones privadas e instituciones públicas de que el cambio del sistema tiene su razón en el centro educativo y en los profesionales de la educación. Siendo así, la clave de la transformación del sistema educativo pasa por el cambio en la cultura organizativa, por abrir los centros. La observación de la realidad más próxima nos muestra como las fuerzas que están impulsando la transformación de la educación están en la práctica docente, en la experiencia vivida en el aula, en el propósito de integrar a los afectados y en una visión cosmopolita en que la diversidad es la principal riqueza para el aprendizaje. Una realidad que circula muchas veces al margen, cuando no en contra, de regulaciones existentes e instituciones académicas. Una educación abierta en donde la innovación social se convierte en una palanca privilegiada de transformación educativa, y la educación impulsa una realidad emergente.

No obstante, esta reflexión en ningún caso puede llevarnos a ignorar el papel determinante que en las sociedades democráticas tienen las políticas públicas. A ellas les corresponde facilitar los recursos necesarios, y, en último término, garantizar la igualdad y efectividad del Derecho a aprender. Pues como señala Stwiglitz, “Prácticamente cada una de las políticas gubernamentales, de forma deliberada o no, para bien o para mal, tiene efectos directos e indirectos sobre el aprendizaje.” Los gobiernos no pueden eludir su responsabilidad frente a la educación alegando la complejidad de los problemas, o la falta de madurez de sus sociedades. Nuevos desafíos demandan nuevas formas de hacer; políticas públicas construidas desde la participación y capaces de ofrecer una visión cosmopolita. Como reconoce la Comunicación de la Unión Europea “Apertura de la educación: Docencia y aprendizaje innovadores para todos a través de nuevas tecnologías y recursos educativos abiertos”; “La educación en la UE no está siguiendo el ritmo de la sociedad y la economía digitales”

0_clase2

Conscientes de esta situación en los países de nuestro entorno el cambio educativo ocupa un lugar relevante en la agenda de sus gobiernos, con independencia de su ideología. Analizando sus preocupaciones y propuestas podemos encontrar las principales tendencias que están marcando los procesos de transformación de los sistemas educativos.

1. La orientación a las necesidades reales.

En un mundo dominado por el exceso de información los sistemas educativos deben competir con otras instituciones para ser capaces de atraer la atención hacía el aprendizaje. Los reclamos tradicionales basados en la obtención de títulos pierden relevancia en la misma medida en que la simple escolarización deja de ser un objetivo. «Hay que vincular el aprendizaje con hechos cotidianos de modo que las personas puedan dominar su vida», dice Reinhard Kahl. Formar para vida, como dijo John Dewey hace más de cien años, sigue siendo el reto; educar para el presente, sí, pero para un presente incierto, que como nos hizo ver William Gibson, cada vez más, se confunde con el futuro.

Sin embargo, nos rodea la sensación de que la regulación existente, con independencia de las disputas partidistas, responde más a un ejercicio teórico basado en la repetición de propuestas antiguas, que a una reflexión sobre las demandas educativas de la sociedad. Basten como ejemplo de esta inquietud las palabras del Secretario General de la OCDE Ángel Gurría en el informe de 2012 Better Skills, Better Jobs, Better Lives: A Strategic Approach to Skills Policies, “Skills have become the global currency of the 21st century. Without proper investment in skills, people languish on the margins of society, technological progress does not translate into economic growth, and countries can no longer compete in an increasingly knowledge-based global society”.

El sistema educativo debe contagiar la pasión por el aprendizaje. En un mundo como en el que vivimos, en el que conocemos que las inteligencias de las personas son diversas, en el que las condiciones de entorno son dinámicas y se modifican a una velocidad creciente, en el que el acceso a la información es ubicuo, prácticamente ilimitado y de bajo coste, y en donde las posibilidades de cooperación son globales, defender un sistema educativo sobrerregulado e instruccionista, que parafraseando a Ulrich Beck llamaríamos “zombie”, es una irresponsabilidad sólo explicable desde la ignorancia o la frivolidad.

2. El Empoderamiento de los profesionales de la educación.

No es casualidad que el motivo que presidió el congreso 2014 de UNESCO sobre M-Learning fuera, “El uso de las tecnologías para el empoderamiento del profesorado”. El cambio del sistema educativo pasa inexcusablemente por el liderazgo del profesorado, objetivo imposible sin la confianza de las administraciones y el reconocimiento social de su función.

Los estudios de TALIS y PISA insisten en demostrarnos que un aprendizaje personalizado, integrador de los ámbitos formales e informales, colaborativo y mediado crecientemente por las tecnologías de información, demanda un exigente compromiso de los docentes. Este nuevo liderazgo exige potenciar el aprendizaje colaborativo entre profesores y una profunda revisión de las prácticas docentes tradicionales. Tanto en España como fuera de ella hay un número significativo de buenas prácticas que avalan estas tendencias del cambio educativo, la dificultad es que éstas suceden de manera inconexa y son desconocidas para la mayoría. La mejor definición del docente del siglo XXI no procede de la incorporación de anglicismos, sino de la reivindicación de la figura tradicional del maestro. El maestro entendiendo tal y como Miguel Unamuno definió a Francisco Giner de los Ríos, “Supremo partero de mentes ajenas”.

3. La creación de comunidades de aprendizaje.

La escuela es un espacio de integración de saberes. Una escuela no es una antena repetidora, ni siquiera es sólo un lugar en donde aprender. Es una comunidad unida por un propósito, un nodo de la sociedad del aprendizaje. El precio de no entender esta realidad en una sociedad crecientemente desintermediada por el uso de las tecnólogas de la información, es la amenaza de la desescolarización; el riesgo de dejar a los actores del mercado y a las posibilidades de las familias el futuro de la educación.

Por ello, cada centro educativo debe ser capaz de construir su propio proyecto, reflejo de las necesidades y cultura de la comunidad que integra. Pero no debemos olvidar que cuando hablamos de autonomía estamos hablando de trasparencia y de rendición de cuentas, al igual que de la ineludible obligación de los poderes públicos de tomar la medidas necesarias para garantizar la efectividad del Derecho a aprender de todos los ciudadanos.

En 1996 el Informe Delors de la UNESCO, “La educación encierra un tesoro” ya recogía como el reto para los sistemas educativos es ser capaces de conciliar una formación cosmopolita para una sociedad global, con el respeto a la tradición y a las diferencias culturales locales.

El barrio, el pueblo, también son escuela, escenarios preferentes de un aprendizaje contextualizado, y sus recursos, más en momentos escasez, deben gestionarse con una lógica común. Así sucede en los países de mayor éxito educativo como en Finlandia. Antonio Moreno en su libro, “Desde mi pupitre” utiliza la expresión “escolarizar el municipio” con el objetivo de “dar protagonismo educativo y docente, incluyéndolos en el desarrollo del currículo escolar, a otros organismos locales, públicos y privados: casas de cultura, escuelas de música, polideportivos, fundaciones, asociaciones sin ánimos de lucro, escuelas de idiomas, talleres literarios, museos, centros de arte, parques y jardines botánicos, archivos municipales y diocesanos, bibliotecas públicas, escuelas de cine, espacios sanitarios, instituciones religiosas, dependencias municipales, escuelas de informática, obras sociales de bancos y cajas de ahorro…” No se puede crear una sociedad del aprendizaje sin incidir en el entrono sociocultural. Como señala Ramón FlechaEl aprendizaje escolar no recae exclusivamente en manos del profesorado, sino que el logro de una educación de gran calidad depende de la participación conjunta de las familias, las asociaciones del barrio, el voluntariado,…

4. La garantía del aprendizaje de los más desprotegidos.

En un sistema educativo democrático calidad y equidad son sinónimos. Corresponde al Estado garantizar que todos los ciudadanos puedan desarrollar sus capacidades superando las condiciones socioeconómicas adversas de partida, o las discapacidades personales.

Pese a la “democratización del riesgo” y a que ningún colectivo pueda sentirse fuera de la amenaza de la incertidumbre, los riesgos de exclusión crecen exponencialmente para los menos formados a medida que crece la complejidad de sociedad y los niveles de exigencia y flexibilidad de las oportunidades de empleo. La Comisión Europea ha previsto que en los próximos seis años el empleo en la zona de la UE para las cualificaciones bajas disminuirá un 20,1% y en España un 32,2%. Un cuarto de los ciudadanos europeos denuncia la ineficiencia formativa para el ingreso en el mundo laboral.

Según un artículo de Stuart W. Elliott (Anticipating a Luddite Revival), hasta el 80% de los puestos de trabajo actuales podrían ser desarrollados por máquinas en los próximos 20 años. Además, no podemos olvidar que existe acuerdo en múltiples estudios internacionales a la hora de afirmar que más del 50% de las profesiones que nos ocuparán dentro de 20 años todavía están por definir.

Igualmente revolucionario en cuanto a las exigencias de la formación es el hecho de que en EEUU, pero previsiblemente también para el resto del mundo, estén modificando de manera significativa el marco de las relaciones laborales, superando en el año 2020 la figura de trabajador autónomo el 40% del empleo.

Menos empleos, en sectores de creciente cualificación, en actividades ahora desconocidas y en unas condiciones de mayor inestabilidad, es el marco previsible. Resulta evidente que estamos ante una revolución sólo comparable a la sucedida en la transición de la economía agrícola a la industrial, pero en un período de tiempo cinco veces inferior.

Igual reflexión que la realizada sobre la importancia de atender el aprendizaje para los más desfavorecidos en relación con el empleo podría hacerse sobre las crecientes exigencias que demanda la sociedad para posibilitar la efectiva participación en la vida política y cultural. La exclusión de una parte significativa de la población de la sociedad del aprendizaje no puede ser un opción.

5. La incorporación de las evidencias científicas.

El descubrimiento del cerebro se planteó como el gran reto de la ciencia para el siglo XXI. Los avances obtenidos hasta ahora no defraudan las expectativas. Incorporar de manera generalizada a las prácticas docentes el rigor y la creatividad que desde múltiples campos del saber, y de manera especial desde la neurociencia, se han generado en los últimos años es una tarea ineludible para los profesionales de la educación y las administraciones.

Como sucede en ámbito de la salud, el Derecho a aprender, supone que cada persona, cada alumno, tiene que tener el derecho a recibir la atención que mejor se corresponda con sus necesidades concretas de aprendizaje. La personalización no es una opción, y así lo entienden en la práctica diaria muchos profesores, incluso frente a las organizaciones y a los estímulos del sistema con frecuencia contrarios a esta visión. Todos somos distintos, todos tenemos derecho a aprender considerando nuestras personalidad. Es cierto que la enseñanza es un arte, como señala Giner, y que aprender es una actividad social como nos indica Paulo Freire, pero también lo es que su expresión se soporta en un saber riguroso cuyo dominio es esencial. El aprendizaje emocional, el aprendizaje cooperativo, la gamificación, el apredizaje adaptativo, el aprendizaje invertido, las inteligencias múltiples y otras muchas innovaciones educativas han generado evidencias que reclaman una profunda reflexión desde la profesionalidad.

6. La prevención de la brecha participativa digital.

Las políticas de 1:1 y la generalización de los dispositivos tecnológicos como bienes de consumo, así como la creciente generalización del acceso a la conectividad, de manera especial en movilidad, como señala Juan Carlos Tedesco, desplazan de manera creciente el problema de la brecha digital hacía la alfabetización digital y el acceso a la cultura digital.

La realidad en que vivimos es tan analógica como digital, en consecuencia, tendría poco sentido diferenciar entre la educación llamada on line y otra presencial. En este contexto no son pocos los que afirman con Carlos Magro que e-learning ha muerto, todo el aprendizaje es híbrido.

Por lo tanto, corresponde a los poderes públicos garantizar que todos accedan a la formación en las tecnologías de la informacióny la comunicación, y que todos incluyan en su aprendizaje el uso de las nuevas tecnologías. Como bien señala Henry Jenkins el desafío no consiste sólo en garantizar el acceso, sino en “que todos pueden crear y que hayan creado usando las tecnologías”. La verdadera brecha digital es la brecha participativa, la que diferencia entre quienes controlan la tecnología y los que son controlados por ella. Entre los productores y los simples consumidores.

Las alfabetizaciones múltiples, como señala José Manuel Pérez Tornero, son una pieza esencial del aprendizaje en un mundo que transcurre crecientemente entre imágenes y ordenadores. Recientemente UNESCO se hacía eco de esta situación a través de la llamada Declaración de Paris “On Media and Information Literacy in the Digital Era”. El aprendizaje es una actividad transmedia y en consecuencia la alfabetización debe ser múltiple. Siendo así, incorporar al curruculum el pensamiento computacional, la capacidad de comprender como funciona el mundo digital y de aprender a usar su lenguaje, es esencial.

7. La integración de nuevos actores

La creación de una sociedad del aprendizaje trasciende de las posibilidades de los poderes públicos, la participación de la sociedad civil y de las empresas es una condición imprescindible. Si con anterioridad hablábamos de la importancia de los actores sociales, en este punto pondremos el foco en la innovación empresarial.

Los negocios educativos, fundamentalmente tecnológicos, y las políticas públicas, cada vez más corren en paralelo. Las expectativa de negocio entorno a la educación son inmensas. Según McKinsey (Transforming Learning Through m-Education), el gasto educativo se espera que se duplique en el mundo del 2012 al 2020, alcanzando los 8 billones de dólares. De acuerdo con las estimaciones de IBIS capital (Global e-learnig Report), el e-learning pasara de un volumen de negocio en 2012 de 91.000 millones de dólares, a 255.000 millones en el 2017. Solo en EEUU la inversión en educación de los fondos de capital riesgo en 2012 fue de 1.100 millones de dólares, según NewsSchools Venture Fund, más del doble que en el año anterior. En el primer trimestre del 2014 la inversión en Capital Riesgo para empresas de Ed Tech según CrunchBase fue de 559 millones de dólares, la más alta jamás alcanzada.

Nos encontramos en un nuevo marco, con nuevos actores, en no pocos casos con más recursos que los propios estados, y en la mayor parte de la ocasiones con más capacidad para generar demandas sociales. Desde por lo menos los años 80, con las sucesivas campañas de tecnificación de las aulas que han sufrido casi todos los países, hemos visto como las políticas de gasto público se adherían con entusiasmo a soluciones simplistas centradas en la adquisición de tecnología. Propuestas que cubrían las apariencias de apoyo al cambio educativo eludiendo enfrentarse a la complejidad de su gestión. Los intereses de las corporaciones tecnológicas, por muy legítimos que sean, no pueden determinar las políticas educativas. La dejación de su responsabilidad por parte de las administraciones supone un grave riesgo de despilfarro y de banalización del aprendizaje.

8. La creación de un ecosistema digital educativo.

Sin un uso intensivo de la tecnología difícilmente podrá generalizarse un aprendizaje personalizado, competencial y expandido. El cambio educativo sólo puede pensarse y ejecutarse desde el conocimiento de las posibilidades que ofrecen las tecnologías. El objetivo de las políticas educativas no puede ser sólo, como señalábamos con anterioridad, el educar para una sociedad altamente tecnologizada. Es esencial el diseño de estrategias que sean capaces de incluir la escolarización de la tecnología existente, pero, sobre todo, de la que está por venir (inteligencia artificial, wearables, aprendizaje adaptativo…). Todo apunta hacía la creciente aceleración de los cambios tecnológicos en las próximas décadas en el conjunto de la sociedad, y por supuesto, en la educación.

La intervención de los poderes públicos para garantizar la defensa de los valores democráticos, la eficiencia del gasto público y la igualdad de oportunidades, sólo puede hacerse propiciando la creación de un ecosistema digital educativo. Las tecnologías se ha demostrado son un factor que dispara las diferencias de aprendizaje de acuerdo con el acceso que previamente se ha dispuesto sobre ellas, situación directamente vinculada a la situación socio económica de los alumnos. Para conseguir que las tecnologías no se conviertan en un nuevo elemento de discriminación es importante la existencia de un ecosistema educativo digital que como mínimo debe reunir una red pública y un marco regulatorio de interoperabilidad.

La existencia de una red pública de comunicación propia del ámbito educativo es la mejor garantía para la democratización en el acceso al uso de la tecnología en la educación y, sin duda, la mejor palanca para impulsar la transformación del aprendizaje, sin olvidar su capacidad de vertebración del sistema y de refuerzo de la seguridad y privacidad de los alumnos en el uso de Internet.

La otra pieza fundamental de este ecosistema es una regulación que garantice la interoperabilidad, tanto de los contenidos educativos, como de la información de gestión. Tarea en la que el poder público es, por su propia naturaleza, insustituible. Los costes de la pasividad de la administración en este ámbito pueden suponer un retraso significativo en la transformación del sistema.

9. La protección de la intimidad, en especial de los menores.

Si bien es cierto que el uso de la tecnología es esencial para mejorar la educación, no lo es menos que no puede serlo a cualquier precio.

La incorporación de las tecnologías en el ámbito educativo genera nuevos espacios de socialización que propician la aparición de abusos o delitos que pueden sufrir los usuarios, en especial los menores. Estos problemas deben resolverse desde la escuela formando a ciudadanos digitales, y cuando esto no sea suficiente, desde las medidas punitivas que tiene prevista la sociedad para garantizar la convivencia. Cuanto más libre y abierto es un espacio, como sucede con Internet, más importante es perseguir a los antisociales que pretenden apropiarse o beneficiarse de él.

Landscape

Otro tema distinto es la protección de los datos de los procesos de aprendizaje, en especial los de los menores. El del Big Data se presenta como el nuevo petróleo de la economía en el mundo digital. Las posibilidades de negocio sobre la explotación de los datos del aprendizaje rompen las previsiones de cualquier otra tecnología. El aprendizaje adaptativo y la analítica educativa aparecen en todos los escenarios del futuro de la educación como las tendencias más preeminentes a largo plazo. Para evitar abusos, la protección que brindamos a las calificaciones, como contenido fundamental del expediente académico, debe extender a todas las actividades de aprendizaje digitales, que por su propia naturaleza dejan un registro susceptible de ser procesado. El expediente académico ha pasado a ser la huella digital de toda la actividad de aprendizaje. Algo tan sencillo como la monitorización de los datos del aprendizaje de una persona desde la infancia, supone una información todavía más sensible y determinante para su futuro que incluso su código genético. Mantener fuera del comercio los datos del proceso de aprendizaje debería de ser una condición previa a la digitalización de la educación.

10. Una estrategia a largo plazo.

En el mundo de la educación no hay atajos, su mejora demanda tranquilidad, criterio y perseverancia. Las diferencias ideológicas reales que se pueden encontrar en el diseño de las políticas educativas de acuerdo con las evidencias científicas existentes y las recomendaciones de los organismos internacionales, son mucho menores que los espacios de consenso existentes. Maximizar las diferencias sobre las políticas educativas puede responder a estrategias de marketing partidista, pero en ningún caso a una apuesta por la mejora de la educación. No deja de ser curioso que España sea el país del mundo en el que más importancia se da en los medios de comunicación al informe PISA de la OCDE cuando este se publica, desapareciendo a continuación del debate social y mediático.

Nadie nos puede evitar, ni negar, el tener que andar nuestro propio camino en la transformación del sistema educativo. Implantar soluciones estandarizadas procedentes de otros ámbitos culturales es el mejor atajo para el fracaso. La educación es una actividad eminentemente local y social; como consecuencia, es antes que nada dialogo. Hacer política educativa supone, por encima de otras consideraciones, estar dispuesto a dialogar.

A la educación formal se la ha ido sobrecargado con tareas a las que la sociedad no encontraba otra manera de enfrentarse. No es el momento de eludir responsabilidades, si no de integrar en su solución a toda la sociedad. Ciertamente por muy exitoso que sea un sistema educativo desde la escuela no conseguiremos solucionar todas las inequidades de la sociedad, pero también es cierto, que sin su implicación no hay esperanza de mejora para la sociedad.

Repensar los centros educativos, repensar la educación en la perspectiva de una sociedad del aprendizaje es una gran oportunidad de superar viejas e inútiles disputas que bloquean los sistemas educativos. Es el momento de actuar en la educación, es el momento de dialogar y creer en la educación. Como señala Antonio Lafuente, “Debemos avanzar entre el elogio del orden y la promesa de la desorganización.”

 

Alfonso González Hermoso de Mendoza.

Presidente Asociación Educación Abierta

@algonhermen.