Cómo mejorar la educación a través de la gestión eficaz de la innovación educativa

Para la ciudadanía de cualquier país la mejora de la educación es algo deseable, nadie está en contra de ello. Nuestros políticos también lo desean y, sobre todo en época electoral, suelen hacer promesas de incrementar los recursos e incluso cambiar las leyes.

Incrementar los recursos está bien, cualquier persona entiende que aumentar el presupuesto en educación no va a hacer daño y que muy probablemente se produzca mejora.

Sin embargo, además del aumento de recursos, hay otros caminos para que se produzca mejora, como el que se basa en gestionar mejor los recursos que tenemos. En muchas ocasiones, antes de incrementar los recursos se deberían gestionar mejor los que ya existen.

Es el caso de la innovación educativa. El profesorado suele hacer innovación educativa en sus asignaturas y para sus asignaturas, y lo hace sin ningún tipo de coordinación con otro profesorado  y muchas veces sin ninguna preparación inicial. El resultado de este panorama es que el profesorado invierte mucho esfuerzo en hacer innovaciones que ya están “inventadas”, hay una gran repetición de trabajos y, además, el conocimiento del profesorado que innova no se transfiere a otro profesorado. La innovación educativa es una excelente herramienta para mejorar la educación, miles de personas la hacen y sin embargo (de forma global) su impacto en la mejora de la educación es prácticamente inexistente.

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Pero si se invirtieran más recursos la situación continuaría siendo muy parecida. Probablemente aumentaría el número de profesorado involucrado y en algunos casos se llegarían a mejores resultados, pero se continuaría “reinventado la rueda”, repitiendo trabajos e innovando de forma local sin impacto en lo global.

En este caso es más urgente una gestión eficaz de lo que se tiene que un aumento de recursos. Para hacer una gestión eficaz de la innovación educativa hacen falta cinco cosas:

  1. Que la comunidad docente conozca indicadores claros de qué es la innovación educativa.
  2. Que el profesorado piense en global y actúe en local.
  3. Que cuando el profesorado finaliza una práctica de innovación educativa la divulgue para transmitir su experiencia a otro profesorado (actualmente se hace para publicarla en repositorios, congresos o revistas) lo que exige estructurar la publicación de una forma concreta.
  4. Que haya un sistema eficaz (un sistema de gestión de conocimiento) a través del cual el profesorado pueda encontrar la experiencia de otro profesorado en base a sus necesidades concretas.
  5. Que haya voluntad política para promover la gestión de la innovación educativa, dicho de otra forma, que alguien la lidere.

Para mejorar la educación a través de la innovación educativa, actualmente, es más importante realizar una gestión de recursos que aumentarlos.

Estoy seguro que muchos centros, gestores e instituciones pensarán que ya hacen todo esto, que ya gestionan la innovación educativa a través de una página web o un repositorio desde donde se puede acceder a las prácticas de innovación que ha realizado el profesorado. Sin embargo no es lo mismo, no es lo mismo subir prácticas a internet que:

  • Presentar indicadores que permitan conocer qué es innovación educativa y realizar una buena práctica.
  • Facilitar el acceso a experiencia de otros, aunque este sea de otras asignaturas o ámbito educativo.
  • Enseñar a pensar en local pero actuar en global.
  • Estructurar publicaciones para transferir conocimiento a otros.
  • Y ya de paso, reconocer el esfuerzo que hace el profesorado e identificar las buenas prácticas de innovación educativa.

 

 

Aumentar los recursos es deseable, pero gestionarlos de forma eficaz es necesario y urgente.

Autor: Ángel Fidalgo, miembro de la Asociación Educación Abierta